Te declaro, cómplice de mis lágrimas, de mis llantos por las noches con tu recuerdo, del horror de senir ese vació que me agobia y no me deja respirar, que vuelve a su siclo pasando por mi garganta de forma dura y dolorosa para luego convertirse en lágrimas.
Te declaro culpable por ser alguien tan importante en mi vida, por ser autor de mi inocencia y de mis rebeldías. De mis polos opuestos y de mi carácter hereditario. Si te declaro culpable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario